miércoles, 18 de junio de 2008

creciente






Nada ansío de nada, mientras dura el instante de eternidad que es todo.
Oliverio Girondo


La gente suele decirnos un montón de cosas innecesarias, abren sus bocas para solo recitar palabras sin sentido, huecas, faltas de algo más. No me gusta escucharlas, me aburren y no sólo eso, me desesperan. Cada vez que alguien empieza a vomitar palabras superfluas bloqueo mis oídos. Hace algunos días pude notar que mis oídos no escuchan como antes, ¿me estaré quedando sorda?
En realidad mi problema es que no me gusta escuchar a todos, todos observamos lo que está pasando, cosas que a mí me ponen a pensar sobre nuestra existencia y ellos se sienten tan tranquilos, contentos y satisfechos hablando de nada y sin poder disfrutar mientras dura el instante de eternidad que es todo; por eso me gusta poder sentir el instante en el que comienza a caer agua del cielo, es disfrutar la eternidad de algo que jamás podrá repetirse de la misma manera, es no desear nada más en ese instante. Pero no lo comprenden así, por lo que sólo pueden hablar de cosas innecesarias.
Hace algunos días me reuní con algunos amigos, celebraban el cumpleaños de Amaranta, ya tenía algunos meses que no salía con ellos, y recuerdo que solía sentirme cómoda a su lado. Pero esta vez fue distinto. Tiene algunas semanas que vengo pensando en las acciones de los humanos, y de cierta manera esto me ha aislado, he dejado una rutina por la pensar y abstraerme de este mundo; entonces al verme rodeada de seres que conocía, pero que sólo hablaban de nada, mes sentí fuera de lugar. Tomé mis cosas y me despedí excusándome de no haber recordado que tenía que acompañar algún lugar a mi madre.
Caminé largo rato, me sentía cansada, no sé si de estar siempre conmigo, de hallarme cada día, cuando termina el sueño y no llegar a una conclusión. Me estaba topando con las mismas narices, con las mismas piernas.
Cuando llegue a mi casa, el sueño se apoderó de mi cuerpo casi al instante es que éste se acomodó en la cama. Un ruidito penetró mis oídos, escuche un rato al grillo. Era en ese instante que cantaba, ningún otro, en ese instante estaba conmigo, a mi lado. Y me di cuenta que ya no existía nada, la nada estaba ausente. La respuesta se reveló. Que las personas sigan diciendo cosas innecesarias, al fin yo ya me estoy quedando sorda.

2 comentarios:

Luis Alvaz dijo...

Muy interesante texto.
Creo que de alguna manera el ser humano es sordo por naturaleza... es decir, al serles otorgado el "don" de la palabra, del vocablo, de la oralidad, también les fue bloqueado el don de escuchar lo otro que no es palabra; que es sonido sin significado para los oídos superfluos.
Pero alguna vez puede ocurrir que el oído capte algo más, y en ese momento las palabras comenzarán a dejar de tener significado, sólo serán un ruido monótono.
Bueno, es algo que me ha pasado a menudo; no siempre, pero creo que por eso siempre vuelvo al poema sonoro, al sonido llano, al ruidito de la creación... al silencio.
Saludos chica ambulante.

Anónimo dijo...

No es la rareza lo que me hace ser así, si no ver que la libertad me cierra las puertas del alma.No es rareza lo que me inventa, pero de ahí ya no tiene caso hablar. Te ví por última vez y con eso es suficiente, para que pensar, actuar, discernir, si todo lleva a lo mismo. Represento la contradicción en movimiento, represento en ti lo que nunca unimos ni uniremos, que al final tambien no importa, de hecho nada. No espero nada del tiempo, ni de ti, ni de el viento, solo creo que es indispensable retroceder para avanzar. Espero me entiendas y si no, me da igual, disculpa por mi mala educación y mi forma de tratar a las "amigas" pero vasta decir, que nunca te consideré eso, siempre entretuve la mirada en una persona que no eras tu, si no la que miraba dentro. Cuidate, no cuento con correo electronico alguno, ni celular, ni parafernalia alguna que me haga encontrate rapidamente, Sólo mi pensamiento. Así que, si te interesaba saludarme, no te molestes. Siempre es bueno morir y renacer. Eso es todo. con cariño y tristeza.

Raúl Picazo